audio libro piedra, papel o tijera
By Fernando cst
Piedra, Papel o Tijera - Primera Parte
1. El Día que Conocí a Carmen y Marito
El relato comienza con una descripción vívida de una inundación en el jardín de la isla, donde los árboles parecían flotar y las casas vecinas se asemejaban a animales acuáticos. La narradora, una niña, sale sigilosamente para jugar en la creciente, una condición que solo a ella le agradaba. El agua le llegaba por encima de la rodilla, una profundidad ideal para explorar el fondo del jardín.
Al acercarse a una zanja, la narradora ve a Carmen sentada en una rama, con los pies en el agua. De sus pies emana una figura idéntica hecha de agua, ambas sonriendo. Al aproximarse, la figura de agua se disuelve y Carmen, más alta que la narradora, baja de la rama. Viste un short sucio de barro y una remera a rayas que perteneció a la narradora. Carmen propone ir a desayunar a casa de su abuela, Doña Ángela, la madre de los vecinos isleños y abuela de Carmen.
Cruzan un puente colgante hacia la casa de Doña Ángela, quien vive con cuatro de sus ocho hijos. La casa de los isleños es un cubo de madera inclinado, no construido sobre pilotes, lo que siempre preocupaba al padre de la narradora. La cocina de Doña Ángela está inundada y mal iluminada. Se oye la voz irritada de un hombre desde un entrepiso, pidiendo que apaguen la pava. Es Marito, el hermano de Carmen. Carmen interviene, anunciando que hará tortas fritas para las niñas. Marito se queja de la falta de harina y Doña Ángela le indica que vaya al almacén. Marito se asoma por la ventana, mostrando un huevo blanco y liso, y bromea sobre una pinta que puso un huevo en la viga. Carmen y la narradora se ríen, sintiendo una conexión profunda.
2. Un Lunes a Mediados de Otoño
Mabel, la madre de Carmen y Marito, regresa sin el marino y con un bebé nacido en Navidad. El bebé, llamado Lucio, recuerda a la narradora las ilustraciones de un libro. Carmen se hace cargo de Lucio, llevándolo consigo envuelto en un trapo.
El juego de las "lobas" se convierte en una actividad recurrente, donde arman un nido con hojas secas, acuestan a Lucio y aúllan a su alrededor. Marito también participa como "jefe de la manada".
En febrero, Carmen y la narradora comienzan a construir una casa en los árboles de la isla del medio. Deciden terminarla y mudarse allí con sus cacharros y libros. Dejan a Lucio en el muelle, en un cajón fabricado por Marito.
Una tarde, mientras trabajan en la casa del árbol, se dan cuenta de la creciente del río. El agua se lleva el cajón con Lucio. El padre de la narradora sale a la galería y ve a la narradora desatar el cabo del bote y a Carmen remar antes de que ella suba. La narradora cae al agua al separarse bruscamente el bote de tierra. Carmen llora y la narradora tiembla. Marito, desde el muelle abandonado, hace señas desesperadas. Se acercan a él y ven el cajón girando sobre sí mismo, hundiéndose. Marito se tira al agua para nadar hacia él. La narradora también se tira al agua. Marito le ordena nadar hacia los juncos mientras él busca a Lucio. Marito rescata a Lucio, quien ha empezado a llorar.
3. Los Hijos de Doña Ángela
Se mencionan los cuatro hijos de Doña Ángela que vivían con ella: el Tordo (el mayor) y Chico (el menor). Los otros dos trabajaban los fines de semana y se mudaron a Corrientes. El marido de Doña Ángela, Catullo, un santiagueño, se fue cuando los hijos eran chicos, culpando a Doña Ángela por la inundación de 1937. Le enviaba postales esporádicas.
Un año después de que Carmen y Marito se mudaran con su abuela, el abuelo Catullo los visita. Es un acontecimiento que la narradora se pierde por estar de vacaciones. Carmen le cuenta que el abuelo trajo nueces confitadas y un disco de zambas santiagueñas. Doña Ángela considera el regalo una "maldad" ya que no tienen tocadiscos. El abuelo discute con ella sobre la falta de luz en la isla y la ausencia de un tocadiscos.
Los abuelos pasan los días mirando el río. Doña Ángela dice que él culpa al río de su soledad, mientras que para ella el río es una compañía. Marito recuerda que el abuelo tenía ojos grises, manos arrugadas y tocaba el cajón peruano.
Doña Ángela, tras la visita del abuelo, bebe vino y cerveza, y los chicos la escuchan reír en la oscuridad. Ella se vuelve más conversadora y se interesa por plantar flores. Sin embargo, con el tiempo, vuelve a su silencio y a sentarse en el muelle. El padre de la narradora dice que Doña Ángela tiene el "mal del sos", una inercia atribuida a los isleños por mirar tanto el río. La narradora, sin embargo, considera el "mal del sol" como un "mal de amor".
4. El Tordo y la Húngara
Doña Ángela, Carmen y Marito adoran al Tordo, pero la narradora le tiene miedo por su forma de mirarla. Marito le cuenta que el Tordo cuenta cuentos maravillosos y canta canciones nostálgicas en un idioma desconocido. El Tordo nunca le cuenta cuentos a la narradora.
Años después, la narradora entiende los humores violentos y la desconfianza del Tordo, atribuidos a la "húngara" que apareció en la isla veinte años antes. El Tordo, al cumplir 18 años, se va con ella. La húngara, descrita como alta, orgullosa, con pelo dorado y ojos azules, se presenta ante Doña Ángela y busca al Tordo en el galpón donde se secaban los juncos. El Tordo se va con ella en su barco.
El padre de la narradora cree que la húngara es alemana y que su casa está llena de libros que le dio al Tordo, volviéndolo "resentido". Los padres de la narradora coinciden en que leer tanto en su realidad es un "veneno". La madre de la narradora se preocupa por el destino de los amigos de la narradora.
Carmen le dice a la narradora que el Tordo no la odia y que trata de cuidarlos. Se esconden entre los juncos recién cortados. Carmen le dice a la narradora que cuando ella se vaya con sus amigos, será como la húngara, que nunca busca al Tordo cuando viene con gente. La narradora jura que nunca haría algo así.
5. El Poder de la Húngara
La narradora y Carmen se preguntan cómo la húngara puede transformar al Tordo, un hombre orgulloso, en un "cordero manso". Tres años después de la creciente, organizan una expedición a casa de la húngara.
Marito, preparando su caña de pescar, les pregunta a dónde van. Sus juegos juntos se han espaciado. Carmen le dice que van río abajo. Marito les advierte sobre la corriente en contra al regreso.
Mientras reman, la narradora se queda mirando a Marito, sintiendo un nudo en el estómago al mirarlo. Carmen, con brazos fuertes y pechos firmes, rema con energía. La narradora sufre la vergüenza de sus pezones agrandados.
La narradora dice que quiere ser monja misionera para viajar. Carmen se ríe y le pregunta si usará toca. La narradora se siente orgullosa de su pelo largo. Carmen le dice que la monja que vino al colegio no usaba toca. Carmen evalúa la información y dice que si quiere ir a África, puede ser monja.
Llegan a la casa de la húngara, envueltas en el perfume de las madreselvas. Saben que el Tordo se enojará si las ve. Carmen conoce la distribución de la casa. Espían por la ventana y oyen un gemido. Ven el cuerpo desnudo de la húngara, con la boca entreabierta, los ojos cerrados. El Tordo habla entre dientes y la húngara toma aire bruscamente. El espejo del ropero refleja la espalda de la húngara y los dedos del Tordo clavándose en su carne. Se oye un ruido metálico contra la pared. El Tordo repite "[ __ ]" varias veces. La húngara llora y se abraza al Tordo. Carmen siente la mordida de un tábano y lo mata. La húngara se sienta de golpe y dice que su sobrina y su amiga las están espiando. Salen corriendo hacia el bote.
6. Las Cosas No Anduvieron Tan Mal
La narradora no sufre represalias, pero Carmen sí. El Tordo deja de hablarle. Doña Ángela la pone a dieta de coliflor y espinacas. La narradora intenta convencerla de que es coincidencia, pero Carmen reconoce las opiniones de su abuela.
Una noche, Carmen y la narradora cuentan estrellas fugaces en el muelle. Carmen pregunta si la narradora vio a la húngara cuando salió de la casa. La narradora recuerda la imagen del cuerpo desnudo de la húngara. Carmen dice que la húngara no lloró porque el Tordo le dijo "[ __ ]".
Carmen reflexiona sobre el enamoramiento, diciendo que es querer muchísimo a alguien y saber que el mundo no sería lo mismo sin esa persona. La narradora piensa en su mundo sin Carmen o Marito.
7. La Pelea del Tordo y Chico
Un domingo por la tarde, hace mucho calor y viento norte. La narradora y Carmen terminan su casita en el árbol e invitan a Marito a celebrar. Ven al Tordo bajar de la chata, furioso. Chico se había metido en el cañaveral a cortar cañas. El Tordo sale de la casa y entra a buscar a Chico para golpearlo.
Nunca supieron quién le contó al Tordo que la húngara había venido a buscar a Chico esa mañana. Chico jura que ella le pagó para levantar la glicina caída y que él no le tocó un pelo. El Tordo no le cree.
Al entrar al cañaveral, encuentran al Tordo arrodillado junto a Chico, retorciéndole un brazo y lamiéndole la cara y el cuello. El Tordo golpea a Chico en la cara y las costillas. Chico se encoge y se arquea. El Tordo se detiene y lo mira. Chico dice que la glicina estaba caída. El Tordo se adentra en el cañaveral. Chico, sangrando de la nariz, se va a casa.
Esa noche, la narradora y Carmen cuentan estrellas fugaces. Carmen dice que el Tordo se fue a lo de la húngara. La narradora sueña que hombres la persiguen con cuchillos y que Carmen le dice que la húngara está muerta, matada a tarascones por su tío.
8. El Crimen Perfecto
El viernes siguiente a la pelea, Carmen va a la isla. El Tordo se fue a Santiago. Doña Ángela tiene dos hijos en Santiago: Silvio y Angélico, quien cría chanchos.
Carmen sospecha que la decisión repentina del Tordo de viajar es sospechosa. Nadie vio pasar a la húngara de vuelta a la ciudad. Carmen cree que es difícil lograr un "crimen perfecto".
Deciden investigar al día siguiente. Se sientan en el bote e imaginan la muerte de la húngara. Carmen la imagina estrangulada. La narradora imagina a la húngara acuchillada. Ambas están seguras de que el Tordo se arrepentirá.
La narradora no cuenta nada en casa por miedo a que sus padres sospechen. Se va a la cama diciendo que le duele el estómago.
La lluvia es inminente. Entran a la casa de la húngara. La cama está deshecha, con manchas de sangre en las sábanas. Carmen cierra la ventana, mira bajo la cama y saca las sábanas. "No hay rastros de sangre", dice.
En el living, el florerito frente al retrato se ha volcado. Carmen arregla todo. El padre de la húngara, con cejas espesas y pelo corto, les parece un hombre cruel. La madre, con sombrero ladeado y ojos juntos, tiene aire de "ratita perseguida".
Un golpe en el techo las hace saltar. Se debe haber caído una rama, dice Carmen. Recorren la casa juntas. En el cuartito del motor, Carmen se lleva el dedo a los labios. La narradora suelta un gemido.
En la parte de abajo de la casa, encuentran un balde sin manija y botellas vacías. Carmen decide que se vayan a tomar unos mates para planear sus próximos pasos.
Encuentran una carta sobre la mesada de la cocina, con billetes abrochados. Es para Carmen, firmada por la húngara. Carmen la examina con sospecha, diciendo que la gente no se vuelve tan generosa de repente.
9. El Perro Bartolo
Durante el regreso en bote, van en silencio. La narradora piensa si Doña Ángela reconocería la letra de su hijo.
Una lancha arranca y ven la cabeza de un perro nadando. Carmen dice "hijos de [ __ ]" y rema hacia el perro. Doña Ángela les había hablado de personas que abandonaban a sus perros en el río.
El perro, un cachorro, nada hacia ellas y se golpea contra el bote. Lo suben y se sacude el agua. El perro se llama Bartolo.
Lucio aparece con su andar bamboleante y se dirige a ellos con un discurso en su idioma. Bartolo lo recibe moviendo la cola. Marito dice que Lucio sabe hablar perfectamente pero no lo hace para desarrollar una teoría sobre la comunicación.
Carmen abraza a Lucio y le recompensa con otro breve discurso. Lucio le agarra la cara y le dice "Mamá". Marito y la narradora se ríen. Carmen dice que será más fácil hacer hablar a Bartolo que a Lucio.
10. La Educación de Lucio
Desde ese día, Lucio y Bartolo se vuelven inseparables. Marito comienza la "educación" de Lucio, enseñándole pesca y natación.
Por la mañana, los tres suben al bote y reman a la isla del medio. Lucio y Bartolo se instalan en la popa, mirando la bolita roja mientras Marito lee en voz alta. Un pique los alborota a los tres.
Durante la semana, cuando Marito y Carmen van a la ciudad, Lucio se queda con Doña Ángela, mirando hacia donde aparece la lancha colectiva.
Un domingo por la mañana, Marito va a hablar con papá. Quiere prepararse para ingresar a la universidad tecnológica nacional y pide ayuda para pagar sus estudios y un lugar donde vivir. Papá y mamá discuten sobre los gastos.
11. El Viaje a Miami
Mamá quiere ir a Miami. Papá se opone, pero finalmente cede. La narradora se siente feliz ante la perspectiva de quedarse sola.
Marito aparece en el muelle, vestido con camisa blanca y pantalones azules. Dice que espera la colectiva. Papá le ofrece llevarlo en la lancha. Marito se niega, diciendo que papá le consiguió un trabajo.
Marito se sube a la lancha con la lámpara de pie de mamá. Se sienta atrás, sobre la caja del motor. La narradora se sienta a su lado.
Llegan a la guardería. Papá le dice a Marito que lo ayudarán. Mamá dice que le darán ayuda, lo que desagrada a la narradora. Marito asiente y se va. La narradora lo mira alejarse con la sensación de que le da la espalda para siempre.
12. La Carta de la Húngara
Todos los meses, el Tordo le trae a Carmen una carta de la húngara, con el sueldo del mes y la recomendación de no olvidar las flores. La narradora se pregunta por qué la húngara pone flores solo al padre.
Carmen sospecha que la húngara no ha vuelto a la isla. Hacen excursiones en busca de pruebas. Carmen se pone el vestido de flores rosadas y se sienta en la cama de la húngara, creyendo que el espejo le transmitirá algo. La narradora se sienta en el piso, evitando mirar.
La recolección de juncos hace que Carmen olvide sus sospechas. Se dedica a pasearse frente a los isleños, ayudándolos.
La narradora, ahora de 14 años, se siente invisible y desdichada. Marito y Carmen van a fiestas en el arroyo Felicaria, a las que la narradora no puede ir.
13. El Día de la Fiesta
La narradora va a una fiesta en San Isidro con Lucila y Federico. Federico la invita a bailar y la lleva al jardín. La besa y ella se aparta. Federico se enoja y la sigue hacia la casa.
En el living, las luces se apagan y las parejas bailan. Federico la lleva al balcón y la abraza. Ella intenta pararse, pero él la obliga a quedarse. La besa y ella se aparta violentamente. Federico se enoja y la sigue hacia la casa.
En el living, Antonio y Lucila bailan y se besan. Federico dice que se la llevará a casa. En el auto, van en silencio. Un patrullero los detiene. Los policías los obligan a poner las manos en el techo. Uno de los policías la toca inapropiadamente. Federico dice que su padre tiene un puesto en el ministerio de economía.
El tercer policía dice que los dejen ir. La narradora se siente acorralada y humillada.
14. El Llamado de Carmen
Carmen llama a la narradora a las 3 de la mañana. Necesita quedarse unos días. La narradora acepta, aunque sus padres vuelven al día siguiente.
Carmen está pálida y seria. Necesita bañarse y dormir. La narradora se da cuenta de que Carmen está embarazada.
15. El Regreso de los Padres
Los padres regresan de Miami, cargados de compras. Mamá está emocionada con los precios y las ofertas. Papá parece menos entusiasmado.
No les cae bien que Carmen esté en casa. Quieren saber por qué no tiene otro lugar donde quedarse. La narradora les dice que está embarazada y que Carmen es su mejor amiga.
16. El Botín de Miami
Las bolsas y valijas están desparramadas por el living. Mamá enumera los precios en dólares y los traduce a pesos. Se olvida de Carmen, quien está pálida y seria.
La narradora se siente contagiada por el entusiasmo de su madre, pero también incómoda.
17. Las Ventanas del Edificio de Enfrente
La ventana del cuarto de la narradora da al pulmón de manzana. Le gusta mirar las ventanas iluminadas del edificio de enfrente e imaginar las vidas de los demás.
Piensa en los niños del mundo, en sus trajes típicos. No piensa en las desdichas.
Mientras mamá y papá reparten el botín de Miami, un falcon se estaciona en la esquina de la casa del padre de Marito. El Tordo sale y el falcon se le acerca. Le disparan desde la ventana trasera.
Carmen le pide a la narradora que la acompañe a hablar por teléfono. Le dan la noticia de la muerte del Tordo. Carmen llora y se apoya en el vidrio. La narradora llora con ella.
18. El Velatorio del Tordo
Los padres de la narradora no quieren ir al velatorio del Tordo. Mamá está fastidiada. La narradora está obsesionada con la imagen del Tordo tirado en la vereda.
Carmen dice que irá por su cuenta. La narradora se culpa por no haberla alcanzado.
En el cuarto donde velan al Tordo, la gente llora. Doña Ángela está sentada a la cabecera del cajón. Detrás de ella, Catullo y Chico.
La húngara entra y se tira sobre el cuerpo del Tordo, besándolo y acariciándolo. Gime como un animal encerrado.
19. El Padre de Marito
La narradora va a casa del padre de Marito. La casa está oscura y huele a humedad. El padre de Marito, borracho, la confunde con Carmen. Le cuenta que a Marito lo agarraron y lo ataron a la silla. Le muestra los moretones en su torso.
20. El Regreso al Colegio
La narradora regresa al colegio aturdida. La mujer de la entrada la regaña. Las monjas la llevan a casa. Sus padres están asustados y la abrazan.
21. La Creciente del Río
Papá y mamá regresan de la isla. El muelle está vacío. El río tiene el color grisáceo del invierno. Mamá protesta porque Chico no abrió la casa.
Papá recuerda la muerte del Tordo. Mamá se preocupa por la creciente del río. La narradora pide permiso para ir a lo de Doña Ángela.
22. El Taller de Marito
La narradora va al taller de Marito. Las herramientas están en su lugar, el catre con la colcha de flores. El cuadro de la húngara ha desaparecido.
Encuentra una foto de Marito con su padre, ambos tristes. Encuentra una foto de Marito con el machete en alto, como en son de guerra.
Marito le dice que se fue a Santiago. El padre de Marito cierra la ventana y le hace señas para que se vaya. El Tordo le dice que se vaya a su casa.
23. Las Cenizas de los Libros
Papá decide ir al club de pescadores a chequear el fuego. Encuentra un pedazo de la tapa de "Las Odas Elementales" quemado. Las cenizas de los libros del Tordo girarán en la corriente del río.
Epílogo
Octubre de 2007. La narradora viaja en una lancha colectiva hacia la casa de los padres de Emile. Reconoce a algunos de los hermanos de Emile.
Marito se acerca a ella. Es Ariel, el hijo de Carmen y Emile. La narradora se abraza a él.
En la casa, hay una caja de zapatos con "basura nemotécnica" de Carmen. Postales, notas de la húngara, dibujos de Lucio, entradas a bailes.
La narradora llora. Ariel la abraza y le dice que hay muchos caminos en el mundo que jamás se cruzan. Celebra el amor entre Carmen, Marito y ella, y el encuentro con Ariel.
Doña Ángela está sentada en el muelle. La narradora se arrodilla frente a ella y la abraza. Doña Ángela dice "Lo encontramos". La narradora aprieta su mano y dice "Lo encontramos". La piedra aplasta la tijera.
Conceptos Clave:
- Creciente del río: Un evento recurrente que marca la vida en la isla, simbolizando tanto la fuerza de la naturaleza como la fragilidad de la vida humana.
- La isla: Un espacio de infancia, libertad y conexión profunda con la naturaleza y las relaciones humanas.
- El río: Un elemento omnipresente que representa el paso del tiempo, la vida, la muerte y la conexión entre los seres.
- La memoria: Un tema central, la capacidad de recordar, de construir la identidad a través de las experiencias pasadas y de cómo estas influyen en el presente y el futuro.
- El amor: Exploraciones de diferentes formas de amor: romántico, familiar, de amistad, y la complejidad de sus manifestaciones.
- La pérdida y el duelo: La narradora experimenta la pérdida de seres queridos y la dificultad de procesar el dolor y la ausencia.
- La inocencia y la pérdida de la inocencia: El paso de la niñez a la adolescencia, marcado por experiencias traumáticas y la confrontación con la realidad.
- La soledad y la conexión: La búsqueda de conexión humana y la lucha contra la soledad, especialmente en momentos de crisis.
- La injusticia y la crítica social: Se vislumbran críticas a la desigualdad social, la violencia y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
- El destino y el libre albedrío: La reflexión sobre las decisiones tomadas y su impacto en el curso de la vida.
- La identidad: La construcción de la propia identidad a través de las experiencias, las relaciones y la confrontación con el mundo.
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